Radio

Un día   el Doctor Dilworth estaba caminando por las montañas entre las estaciones de Colta de  y Caliata, y se detuvo para descansar. Por razones de curiosidad como el Dr. Empezó a contar las casas en las laderas cercanas.

El Dr. Calculó que si visitaría a cada casa por sólo quince minutos, trabajando ocho horas por día, le tomaría dos años enteros visitar a cada casa sólo una vez.

Entonces se les llegó una idea. La respuesta al problema era la radio, con programas de radio, los misioneros podrían alcanzar de inmediato a hogares y pueblos donde de otra manera no les llegaría el evangelio por muchos años. Donaldo compartió su idea con los demás misioneros y solicitó aprobación de la misión para el proyecto de la radio.

El problema era conseguir un permiso del gobierno. Donaldo compartió su problema con el Sr. Federico Martínez, el patrón de las monjas, una hacienda grande en Colta, quien había sido elegido gobernador de la provincia de Chimborazo. Los dos hombres habían formado una amistad cuando Donaldo había enseñado a Don Federico alcanzar y pescar. Cuando algunos empleados del Don Federico habían robado algunas ovejas de un creyente de Colta, Manuel Bagua Cajas, Donaldo había pedido a Don Federico hiciera devolver las ovejas, y él se encargó de arreglar el asunto.

Don Federico o arregló la asistencia de Donaldo a un banquete en Riobamba donde estaba presente el Presidente del Ecuador, Doctor Velasco Ibarra. Donaldo logró conversar con del Presidente lo suficiente para mencionarle sobre el permiso para la estación de radio.

Cualquier cosa que quieran, asegúrense que lo reciban, dijo el Dr. Velasco Ibarra a su secretaria.
Llegó el permiso con la condición de que tendría que estar emitiendo la estación entre 89 días. Apresuradamente, Donaldo consiguió los fondos para el proyecto de la radio y, con la ayuda técnica de radio mundial HCJB en Quito, la estación de radio HCUE-5 estaba emitiendo desde un edificio al lado de la clínica de Colta en sólo 88 días.

Casi de inmediato, la estación de radio se demostró como un instrumento efectivo de comunicación entre los quichuas.

La misión vendió setenta radios ya sintonizados en la frecuencia de la nueva estación. Estos radios llegaron hasta que trece comunidades distintas de los quichuas y ocasionaron bastante interés entre sus oyentes. No era nada extraordinario ver 20 o 30 personas alrededor de un solo radio.

Un día Enrique escuchó un estruendo bastante ruidoso. Miró hacia afuera y vio un hombre, obviamente borracho, llevando un radio. Al acercarse, Enrique reconoció la predicación y la música evangélica de la estación de la radio quichua. Por curiosidad, Enrique decidió hablar con el hombre.
Disculpa puedo preguntarle algo, que quiere saber dijo el hombre, mirando con sospecha al extranjero.

Bueno, supongo que no es EVANGELICO, así que me preguntaba por qué está escuchando el evangelio en ese radio.

Porque habla mi idioma respondió el hombre siguiendo en su camino.

Predicadores quichuas empezaron a enseñar la Biblia a oyentes analfabetos. Un programa de saludos, que permitía a los pocos evangélicos quichuas ir a la estación para saludar a sus familiares y amigos incrédulos, rápidamente llamó la atención de la población. Los oyentes, atraídos por escuchar su propio nombre en el radio, parecían después prestar más atención al evangelio.

Para algunos quichuas, los radios parecían representar algún tipo de poder sobrenatural. Un hombre quien había perdido su gato pidió a Enrique le preguntará por la radio de su ubicación.

La misión necesitaba bastante personal para mantener la obra del internado, de la estación de radio, y del hospital. Así que fueron añadido más obreros. El cuerpo misionero entre los quichuas llegó casi a 20 personas durante los primeros años de la década 1960. A veces la abundancia de obreros resultaba inevitables conflictos interpersonales. Pero los obreros lograron mantener una armonía y unión en el ministerio.

Con tantos obreros adicionales y el desarrollo de tantos ministerios,  parecía el momento apropiado para el alumbramiento espiritual tan esperado entre los quichuas.

El fin y al objetivo del Sistema de Emisoras la Voz de AIIECH, es des llevar el evangelio de Jesucristo a todas las naciones a través de estas ondas radiales a que las familias enteras tengan un cambio de vida, este objetivo durante 48 años de vida de la radio ha alcanzado un grado increíble del pueblo de la gran nación Puruhua que ha demostrado un cambio profundo en su pensamiento filosófico, en ámbito educativo, económico, político y social.

Los quichuas indígenas evangélicos de la provincia de Chimborazo, agradecen profundamente a Dios todopoderoso y a los primeros misioneros quienes se lucharon por sembrar el evangelio en los corazones de los pueblos quichuas, y por comenzar plantando esta emisora cristiana, cada año en la sede de la estación radial de 900 sin cuenta a M, miles de indígenas quichuas evangélicos se reúnen para agradecer a Dios y recordar en sus corazones la memoria de los primeros evangélicos con cánticos, himnos, alabanzas, danzas se regocijan en agradecimiento al Dios todo poderoso.